El corazón es uno de los símbolos más antiguos y universales.
Sin embargo, en la moda, a menudo corre el riesgo de convertirse en una decoración superficial, repetida y sin sentido.
Cuando un corazón es pequeño, discreto, cuidadosamente colocado, cambia completamente de lenguaje.
En la línea Amoureuse, los corazones no están estampados ni son vistosos. Están aplicados a mano, hechos de cristales multicolores, diseñados para ser descubiertos más que mostrados.
Dos en el frente, uno en la parte posterior.
Un detalle que se revela con el movimiento, con la luz, con la mirada atenta.
El corazón vuelve así a ser un signo íntimo y personal. No es un mensaje gritado, sino una presencia silenciosa que acompaña a quien lo porta.
Para San Valentín, este tipo de símbolo dice más que mil palabras: no promete, no exagera, se queda.